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Más Allá de los Conceptos

Conforme a la definición de Tylor, "cultura es un conjunto complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualquier otra capacidad que el ser humano adquiere como miembro de una sociedad"1. El cardenal Ratzinger hoy Benedicto XVI ha resumido eso al decir: "cultura es la forma de expresión comunitaria, desarrollada históricamente por los conocimientos y por los juicios que caracterizan la vida de una comunidad"2.

Una de las expresiones más comunes e importantes de la cultura es la que se refiere a la relación del ser humano con el misterio último. En muchas culturas ancestrales, esta dimensión es tan central y penetra de tal forma todos los aspectos de la vida que no existe propiamente una religión organizada como un sector aparte. Las actividades y funciones de la vida están impregnadas de esta relación con el misterio. El culto es sumamente importante, para lo cual hay personas y ritos especializados, pero no exclusivos. Las tradiciones espirituales se han expresado casi siempre en cierta ósmosis con las culturas. Muchas veces, es difícil hacer distinción entre cultura y religión. Cuando se dice que alguien es judío puede significar que pertenece a la raza judía o que practica la religión judía. Lo mismo ocurre con indianos y con otras culturas. Las religiones de los clanes, las tribus, de las ciudades, de los imperios, han participado y participan en todo un simbolismo social. Algunas veces, está casi fusión entre espiritualidad y cultura ha creado sistemas sociales dominados por lo sagrado, donde la comprensión de lo divino legitima el orden constituido y el poder. Otras veces, aunque la sociedad se encuentre impregnada por esta cultura espiritual, logra no caer en un régimen sacro. Arnold Toynbee fue de los primeros en insistir que el encuentro entre religión y cultura, o, como lo llamaba él, "civilidad", es interior y constitutivo. Para la antropología de Émile Drkheim, "la religión es el alma de la cultura". Ratzinger prefiere el término corazón. Sobre el proceso de evangelización, escribió: "si se retira de una cultura la religión que de ella procede como propia, se derrumba la cultura desde su corazón. Si se implanta un corazón nuevo (en nuestro caso, lo cristiano), parece inevitable que el organismo, no preparado para ello, rechace el órgano extraño. Es difícil imaginar algo positivo en ésta operación"3. Actualmente, como Papa Benedicto XVI, ha decidido unir el secretariado pontificio para el diálogo interreligioso al secretario pontificio para la cultura. Nadie niega que era importante que los dos organismos pudieran actuar siempre juntos, pero hay que interpretar tal gesto como si el Papa dijera que las religiones en sí no pueden unirse o ni siquiera dialogar. Lo máximo posible sería la convivencia de culturas. La experiencia latinoamericana del macroecumenismo en el que las religiones se encuentran para dialogar y para vivir juntas el testimonio de servicio al pueblo, contradice tal pesimismo institucional. Sobre todo, esperamos que tal decisión del Papa no contenga ninguna reflexión que reduzca el islámico o cualquier otra religión de la humanidad a la categoría más general de "cultura". A no ser también se reconociera el cristianismo no ya como religión y sí como siemple cultura occidental vestida de lo que podemos llamar "espiritualidad cristiana".

Tanto porque las comunidades y pueblos se mezclan, como porque las tradiciones espirituales deben ayudar a las culturas a ir más allá de sí mismas, todas las grandes religiones, a mi parecer debieran seguir unidas a las culturas de donde proceden, intentando ser más libres, definiéndose como interculturales o hasta universales.

Aunque algunos parecen pensar que cristianismo y helenismo son casi sinónimos, muchas personas consideran la catolicidad como una nota ecclesiae. Nada diferente de la concepción de religión universal que tiene el islam. Incluso en religiones más vinculadas a una cultura (por ejemplo, el budismo tibetano), la evolución de los tiempos y la relación entre culturas diferentes han provocado una distinción entre la religión propiamente dicha y la cultura. De cierta forma, ha sido en occidente donde la sociedad ha conquistado más independencia frente a la religión. En cierta manera, la laicidad fue posible porque se hizo la distinción entre cultura y religión.

Ninguna cultura es estática. Las fronteras son siempre interculturales y pluralistas. De la misma forma, cada religión está ligada a diversas culturas y no sólo a una. El cristianismo tiene origen judío, alma semita, pero se ha desarrollado en la cultura helénica. Actualmente queremos vivir un cristianismo no occidental y más latinoamericano, africano, asiático o de Oceanía. El budismo nació en la india, pero hoy hay más budistas en Japón, Tíbet y China. Crece cada vez más en el mundo el número de musulmanes que no son de cultura árabe. ¿Qué nos dice eso como reto y camino de la humanidad?

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1. Esta es la clásica propuesta por Tylor en Cultura Pirmitiva. 2. Joseph Ratzinger, Fe, verdad, Tolerancia: Cristianismo y las religiones del mundo. 3. Ibid.

Poesía en Plural

El conocido maestro yogui de Brasil, Hermógenes, sin caer en el sincretismo fácil y partiendo de una profunda experiencia espiritual de unidad con el Todo, creó la siguiente formula como:

"Gloria al Uno"

"Pedí la bendición a Krishna

Y el Cristo me bendijo.

Oré al Cristo y fue Buda quien me atendió.

Llamé a Buda

Y fue Krishna quien me respondió".

Rabindranath Tagore, en Gitanjali

¡Deja ya esa salmodia, ese canturreo, ese pasar y repasar el rosario!

¿A quién adoras en ese oscuro rincón solitario del templo cerrado?

¡Abre los ojos y verás que tu Dios no está ante ti!

Está donde el labrador excava la tierra dura

y donde el picapedrero pica la piedra.

está con ellos, al sol y bajo la lluvia,

y con la ropa manchada de polvo.

¡Quítate el manto sagrado y baja, como Él, al campo polvoriento!

…

¡Sal ya de tu éxtasis y déjate ya de flores y de incienso!

¿Qué importa tus ropas se manchen o se estropeen?

¡Ve a su encuentro, ponte a su lado, y trabaja, y que sude tu frente!

Si Dios fuera Cristiano

Pretender poner límites que definan a Dios en una doctrina sistemática es una empresa ineficaz y absurda, a su vez, reducir su revelación al hombre dentro de un estrecho espacio de “cuatro paredes” llamado cristianismo, judaísmo, islamismo, hinduismo, etc. Es otro error fatal, no obstante, cada uno de estos intentos son demostraciones de su increíble grandeza – razón tenían los hebreos al llamarlo el innombrable –.

Teniendo en cuenta este panorama, quiero considerar ahora el título del presente texto. Cuando hago referencia a la palabra cristiano y la aplico al sustantivo Dios, no estoy nombrando a los seguidores de Cristo sino, a la religión cristiana; entidad institucionalizada, doctrinal y jerárquica. Por tanto, cuando escribo “si Dios fuera cristiano”, estoy diciendo: si Dios se inscribiera en una religión llamada cristianismo. Entonces: Si Dios fuera cristiano la realidad religiosa de nuestro planeta seria otra, la pluralidad de expresiones religiosas no existiría y estaríamos privados de la inigualable riqueza cultural que durante toda la historia humana nos han provisto estas expresiones.

No habría razón de ser de los hermosos templos budistas y de sus inigualables “enseñanzas del despierto sobre la ley natural”[1], tampoco tendríamos la posibilidad de deleitarnos con la riqueza arquitectónica y cultural (bailes, rituales, comidas, etc.) de los hindúes; que decir de las religiones chinas que tanto nos han enriquecido con su respeto a la naturaleza y énfasis en la sabiduría milenaria. El pueblo musulmán no podría aportarnos su riqueza literaria y filosófica producto de su fe en Ala el misericordioso, entre otros elementos que no puedo enumeran en este corto espacio. Qué decir del judaísmo, quien ha fortalecido la economía mundial y ha demostrado a través de sus firmes creencias que se puede construir una nación sobre la base de postulados teológicos.

Si notamos cada una de las expresiones religiosas que he nombrado aportan mucho de lo que son en la configuración de lo que hoy conocemos como nuestro mundo; en términos culturales, sociales, económicos, etc. Sin desconocer que estas expresiones religiosas son las únicas, las enumero como una pequeña muestra del gran aporte que cada una de ellas ha hecho en la configuración de nuestra realidad humana.

Todo lo anterior no es más que la muestra de los diversos rostros de Dios, una muestra clara y precisa de que el soberano del universo es dinámico, diverso y plural a la hora de expresar su poder creador; muestra que indica que el solo intento de delimitarlo es un acto de vil “manoseo” teológico. Quiero terminar esta reflexión con un fragmento de una de las obras del reconocido escritor C. S. Lewis: “Las imágenes, he de suponer, sirven de algo; de lo contrario, no serían tan populares. (Poco importa que sean cuadros o estatuas fuera de la mente o productos de la imaginación dentro de ella). Sin embargo, su peligro es para mí evidente. Imágenes del “santo” fácilmente se hacen ellas mismas santas, sacrosantas, aun cuando, de hecho, no lo son. Mi idea de la divinidad no es ella misma divina. Mi idea de Dios ha de ser hecha pedazos una y otra vez. Dios mismo se encarga de ello. El es el gran iconoclasta. ¿No podríamos casi decir que ese hacer pedazos su propia imagen es uno de los signos de su presencia? La encarnación es el ejemplo supremo: deja todas las previas ideas del mesías reducidas a polvo. A muchos les ofende esta destrucción de imágenes antes veneradas. ¡Bienaventurado el que no se escandaliza de ello!”


[1] Nombre que recibe la palabra que describe al Budismo: buddha-dharma.